Breves palabras de regreso
Acabo de recuperarme de una peritonitis que me atacó sorpresiva y traicionera, que me tuvo acostada varios días con tubitos en las venas y demás porquerías pero que pasó bastante rápido y sin complicaciones mayores, más que los proyectos atrasados. Estar internada es una experiencia que no había vivido nunca y que en mi caso fue muy leve pero suficiente para imaginar la vida de quienes necesitan asistencia y son pinchados por enfermeras constantemente y comen comida de hospital, huelen olores de hospital y a los que el mundo puede reducirseles a un dolor físico que destruye todo lenguaje.
Durante esta rara estancia terminé de leer la antología de poemas de Lamborghini y cayó en mis manos un libro de cuentos de Marie Luise Kaschnitz, una escritora alemana nacida en 1901 cuyos cuentos reunidos en un librito que se llama Lange Schatten (Las largas sombras) me fascinó.
Ya estoy de nuevo en Buenos Aires, me siento casi fuerte y dispuesta a darle pelea al año que empezó extraño y furioso. Solo quiero escribir los nombres de esta gente que creo no volveré a ver ni escuchar en mi vida: Horacio (en la habitación de al lado, se sacaba el suero y atormentaba a las enfermeras), mujer sin nombre (lloraba desconsoladamente), Irma (la enfermera más copada), Paola (la chica del parto complicado), los doctores De Matey y Menéndez (bronceadísimos pero bondadosos). Respecto a la salud y el cuerpo y la fragilidad de la vida y la felicidad, seguiré pensando mientras me como un helado, chau.
